Historia del monumento

Desde el siglo IV en que se cita al primer obispo Adventus, la catedral se ha reconstruido varias veces. Tras el incendio de 1020, el erudito e influyente obispo Fulbert, manda edificar la catedral románica, a la que se añade una nueva fachada a partir de 1134.

En 1194 un incendio destruye el edificio, salvo la cripta y la fachada. Enseguida se inicia la construcción de la catedral gótica, con una longitud de 130 metros.

Su suelo original presenta un laberinto en la nave. Notre-Dame de Chartres es consagrada en 1260. En esta catedral se corona a Enrique IV el 27 de febrero de 1594. Un nuevo incendio destruye su cubierta en 1836.

Notre-Dame de Chartres constituye un hito en la evolución de las catedrales góticas.

Levantada treinta años después de Notre-Dame de Paris, anuncia el gigantismo, el verticalismo y el extremo vaciado de las paredes de Reims, Amiens y Beauvais. Ha conservado sus vidrieras y una decoración esculpida monumental de una calidad excepcional. En 1979, el monumento es incluido en la lista del Patrimonio mundial de la UNESCO. Sorprendentemente, Notre-Dame de Chartres ha conservado intacta su decoración esculpida y sus vidrieras.

Hay nueve portales esculpidos repartidos por tres en cada una de las tres fachadas. Ofrecen una puesta en escena didáctica y espectacular de la historia religiosa. El portal real ilustra la innovación técnica de la estatua columna de mediados del siglo XII, que combina soporte y decoración en el mismo bloque de piedra. Los portales del transepto se esculpieron poco después de 1200. Las vidrieras se reparten en 150 ventanas, es decir, una superficie de unos 2 500 m2.
Las de los tres vanos de la fachada occidental datan del siglo XII, como la del coro de Notre-Dame de la Belle Verrière. La mayoría de las demás vidrieras datan del siglo XIII. Su onerosísima construcción fue posible gracias a los donativos de corporaciones, obispos, príncipes o reyes.

La historia de la catedral de Chartres está marcada por los incendios. El del 4 de junio de 1836 destruyó el armazón de madera de castaño del siglo XIII. Cuando se le adjudica al ingeniero Émile Martin su reconstrucción, decide poner un armazón metálico, sólido, duradero e ignífugo. La fabricación, el transporte y el ensamblaje duraron seis meses. El armazón tiene forma de un casco de barco invertido. La fuerte inclinación de los pares recuerda a los arcos apuntados de un edificio gótico. Este armazón metálico es uno de los más antiguos de Francia.